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lunes, 4 de febrero de 2008

Sobre la vocación y el inicio de clases

Este Lunes pasado inicié clases de nuevo. Para mi, aquél miedo que uno sentía de niño el primer día para entrar a la escuela no se ha ido por completo, se trata de un tema trillado, en el que le tememos a lo desconocido, nos desacostumbramos, algunos ansían volver, otros solo disfrutan erráticos los últimos días que les quedan, antes de volver al estudio y a las presiones que la universidad implica. Mi miedo ha consistido en la falta de conocimiento de los integrantes de mi grupo, es decir, el saber cuantos rostros familiares podré ver o cuantos nuevos habrá, un miedo cada vez más irracional mientras pasan los días.

Se me ha cumplido un deseo, aunque tarde y no en el mejor momento, se trata de haber encontrado profesores que me ayuden a madurar mi vocación hacia mi carrera, que me ayuden a sentir pasión por lo que estoy aprendiendo y que me ayuden a pulir mis ojos para ver todo mi ambiente con la visión del profesionista que debo ser. Es éste un deseo que pedía a gritos el primer semestre, pero como diría un buen amigo: "el Politécnico es cuadrado" y no se trata de crear gustos ni desarrollar el amor hacia una materia o carrera en particular, se trata de moldear profesionistas con el dedo sobre el renglón de un libro llamado "así se debe hacer", de la misma forma en la que programarían a un robot; nadie lo ve, pero los observadores comprenden el axioma de que los robots, y los programas de paso, tienen limitantes obvias y que no es fácil salir de la caja de juguetes donde te han puesto en primer lugar.

Y sobre cuadrados o rectangulos o incluso triangulos mal formados, yo me definiría un poco como una esfera felíz de masa Play Doh que se ajusta a cualquier espacio. Y no es tanto por la tan usada aspiración de ser diferente sino que, gracias a... Dios supongo, ¡siempre he sido diferente!, y me tocó la suerte de encontrarme a personas a lo largo de mi vida que, como si vinieramos de la misma fábrica, también se distinguen entre el montón.

El alumno hace la escuela, pero todos aquellos que estuvieron antes que yo y los que están actualmente consumiendo nuestro preciado oxigeno solamente la han mal formado y corrompido.