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martes, 4 de marzo de 2008

Perdiendo y rescatando amistades

Foto: Zurisadaí Ordoñez Sánchez

En el diario oscuro en el que escribo se encuentran trazados los mapas de mi existir, aquellos senderos por los que pasé cuando era más joven, como si hubiera dejado mis migas de pan, escribí mis pasos sobre el papel negro y con tinta plateada. Aún cuando puse especial cuidado en los errores que cometí, sigo cometiendo los mismos y si no es el caso también se me presentan nuevas variaciones, como el virus de computadora que sobrevive por largo tiempo gracias a su metamorfosis.

Hasta ahora podría decirse que he perdido dos amistades (femeninas) por el hecho de empezar a sentir algo por ellas; con una ya sentía algo, con la otra simplemente corté total relación para no caer en el mismo hoyo; el enamoramiento.

Es sencillo enamorarse de alguien, una vez que te enganchan sus ojos, su rostro o su voz, quedas atrapado en la intensificación de las sensaciones, no importa qué haga ella, eres susceptible a cualquier cosa que pueda llamar tu atención, te envuelve, y así es, como un insecto en telarañas, y uno se ata más la soga al cuello.

Las relaciones terminaron pues me sentía hipócrita sosteniendo una amistad así, viendolas o empezando a verlas sólo como mujeres y no como amigas. Ahora sé que eso estuvo mal y poseo un mejor control (por supuesto no total) sobre mis sentimientos, creo que aprendí antes de la tercera víctima.

Antes de caer en lo mismo me salvas haciéndome ver sin darte cuenta (tal vez) que tú y yo hemos crecido juntos, aunque sea por un corto periódo de tiempo, me abres los ojos y te desnudas un poco para que pare de imaginar, para dejar de apresurarme a las cosas y tomarlas con calma, para ver la realidad, que no tengo que saltar sólo, que no tengo que sacrificar nada. Todo eso me lo has mostrado sin palabras o con pocas, sólo necesité que me abrieras una puerta para poder aprender de ti sin que te percataras...



Siento el impulso de correr a abrazarte
Ventizca de invierno, el vacío frente a mi
Me enseñas las alas oblicuas en piedras
Te beso sin miedo a caer.